jueves, 2 de junio de 2011

DOCUMENTALES Junio-Julio en el CSA Amigos de Bonanno. (todos los lunes a las 21h)

  Saludos, por fin hemos elaborado un cartel para las próximas proyecciones que realizaremos en el CSA durante el mes de junio y parte de julio. Aquí lo tenéis:

LUNES 6 de Junio

-Ojos que no ven, víctimas del fascismo desde la transición.    2011, 48 min

Los asesinatos y las agresiones fascistas, presentes durante todo el franquismo, no acabaron con la muerte del dictador sino que se han mantenido constantes hasta hoy. Durante la transición, la ultraderecha trató de aterrorizar a la parte más activa de la sociedad que se movilizaba por la libertad, la democracia y la justicia social.

En  este periodo los atentados de grupos fascistas se hicieron con la colaboración de la policía, el ejército y los jueces de la dictadura. Las gentes de izquierdas, además, sufrieron el terrorismo de Estado (disfrazado bajo distintas siglas como Triple A, Guerrilleros de Cristo Rey, Batallón Vasco Español…) y las actuaciones de unas fuerzas represivas concebidas no para garantizar la seguridad ciudadana sino para erradicar toda manifestación de oposición al régimen franquista.

Sólo en 1980 fueron  asesinadas más de 20 personas en distintas acciones reivindicadas por organizaciones ultraderechistas.

A principios de los 90 se produjo una mayor separación entre el terrorismo de Estado y los atentados de los grupos ultraderechistas. Los fascistas ya no actuaban sólo contra personas de izquierdas, homosexuales  e independentistas sino que comenzaban a atacar también a indigentes e inmigrantes.

El documental da la palabra a las víctimas de agresiones y asesinatos ultraderechistas, un goteo constante desde el inicio de la transición  hasta nuestros días. Se trata de un periodo de más de 35 años, por lo que las situaciones son necesariamente distintas, pero también presentan elementos en común.  De estas semejanzas y diferencias, del papel de la policía, de la administración de justicia, de los medios de comunicación, de los representantes políticos… nos hablan las víctimas.

-¿Quieres ser Mosso d’Esquadra?    2011 (‘27)
Brutalidad policial de los Mossos d’Esquadra, maltrato psicológico y físico, abuso, afecta a todo el mundo.


LUNES 13 de Junio

-Anna (95) Nikita Mikhalkov. 1979-1993. 100 min
La realización de home movies estuvo prohibida en la URSS durante algunos años, aunque la Perestroika sacó a la luz metros y metros de películas amateurs rodadas en el ambiente doméstico. Anna es una película doméstica y rodada en la clandestinidad, pero con equipo y materiales profesionales.

Sinopsis: Un tranquilo día de verano, en una gran casa rodeada por los bosques de pinos, Anna, una niña de 6 años, responde a preguntas sencillas y complicadas a la vez: ‘¿Qué es lo que más te gusta?, ¿qué es lo que más temes?…’ Esto ocurría en el verano de 1979. El famoso director Nikita Mikhalkov seguirá haciendo las mismas preguntas a su hija durante los siguientes 12 años.


LUNES 20 de Junio

-La feminización del estado. Charla-debate de María del Prado Esteban Diezma. 66 min

La figura de Idoia Rodríguez Buján, primera soldado muerta, en Afganistán, “por España”, la ministra de Defensa, el acto institucional que se celebró el Día de la Mujer Trabajadora en el acuartelamiento de Getafe (8 de marzo de 2007), son algunos de los símbolos de un ejército que está consiguiendo liberarse, a través de una habilidosa operación de mercadotecnia, del estigma franquista y aparecer con un rostro humano y amable, humanitario, solidario, profesional y feminista, pues se manifiesta, sobre todo, con facciones de mujer.

La misoginia, que fue un elemento constitutivo de los ejércitos en el pasado, no es su fundamento, pues lo esencial de la institución militar es la afirmación coercitiva del Estado y sus intereses (dominar y sojuzgar en el interior y luchar en la competencia por el poder a nivel mundial), así como el ejercicio del monopolio de la violencia. Si el Código Civil francés de 1804, copiado aquí por el Código Civil de 1889, estableció un sistema patriarcal concreto de opresión femenina fue porque las necesidades militares y productivas del primer liberalismo así lo demandaban, pero puesto que el régimen de dictadura estatal y capitalista se desenvuelve y desarrolla permanentemente, hoy las mujeres están llamadas a servir al sistema no como madres sino como soldados y policías, además de como mano de obra asalariada.

Bajo los gobiernos de la socialdemocracia (PSOE) y con el apoyo de la izquierda, incluida la más “radical”, el feminismo de Estado ha sido un factor decisivo para ganar a un sector de las mujeres para los proyectos del poder constituido, incluida su incorporación a las Fuerzas Armadas y los cuerpos represivos, lo que ha permitido un fortalecimiento del organismo estatal que ha visto reduplicado su capacidad de dominar y de oprimir, y un reforzamiento del militarismo y de la acción imperialista del Estado español en el exterior.

El Estado y su aparato militar han conseguido grandes éxitos con estas mutaciones. Dicha refundación, de hecho, del sistema de dominación implica modificaciones tanto en la conciencia como en la vida de la sociedad de una enorme complejidad, pues la transformación de la condición femenina que permitió su entrada en el ejército tenía que acompañarse no sólo de un cambio en la concepción del mundo de las mujeres, sino de una vertiginosa caída de la natalidad y la importación de personas, expoliadas a los países pobres, a través de la inmigración de masas.

El antimilitarismo de hoy tiene que partir de los cambios acaecidos en los últimos 25 años renunciando a esencialismos metafísicos, pues comprender al enemigo es la precondición de cualquier estrategia. Haremos para ello, en la charla, un repaso de algunos de los hechos más significativos ocurridos en ese periodo.


LUNES 27 de Junio

-Cravan vs Cravan.  Isaki Lacuesta, 2002, 97 min
Cravan vs Cravan se puede calificar de documental ficción, pues recorre la vida y la misteriosa desaparición del poeta y boxeador Arthur Cravan mezclando ficción y realidad, documentación histórica e imaginación, cine documental y cine de autor. ¿Qué mejor forma de reconstruir la fantasmagórica vida de Cravan, en la que se mezclaban la realidad y la ficción, la pose y la autenticidad, la vanguardia y lo primario, el lumpen y la alta sociedad? La vida de Arthur Cravan es una de las más apasionantes del siglo XX y también una de las más misteriosas, especialmente todo lo concerniente a su desaparición en México. Esta película le hace justicia a esa misteriosa y fascinante vida de boxeador, provocador, poeta y fugitivo.


LUNES 4 de Julio

-Valparaíso Anarquista.  2011, 24 min
Valparaíso Anarquista es un trabajo de investigación que indaga en las primeras experiencias de organización obrera en la ciudad puerto. En este documental se destacan las primeras organizaciones de trabajadores y el rol de los anarquistas en el desarrollo de sus acciones por combatir la miseria y las condiciones de explotación presentes en una época de especial progreso para la burguesía naviera de la ciudad.

-Celco depreda y extermina comunidades. Chile, 10 min

El lunes 14 de abril llega a Santiago una delegación de la comunidad de Missisipi que se opone a la construcción de un ducto que llevara material tóxico de desecho desde la planta de celulosa de Celco hacia el borde costero de la bahía Mehuín, lo que extinguirá el entorno natural de la zona marítima.

-2084.  Chris Marker, Francia, 1984, 10 min

Para el centenario de la ley de 1884, que consensualmente se presenta como punto de inicio del sindicalismo, la CFDT (el sindicato francés) confió a Chris Marker la realización de una película dedicada a celebrar los cien años del sindicalismo en Francia. Chris Marker plantea el tema en el futuro y se imagina un informativo de televisión de 2084 con motivo del segundo aniversario y tres guiones posibles: la hipótesis gris, el de la “crisis”, ‘una sociedad temerosa que vacila y se da falsas seguridades con la esperanza de un equilibrio siempre cuestionado’; la hipótesis negra, ‘un mundo donde la técnica reemplazó las ideologías’; la hipótesis azul, por último, la del sueño y la imaginación.

-Anarquismo revolucionario en Euskadi 1870-1936.  2011, 10 min
Documental que pretende dar cuenta de cómo entre estas dos fechas aconteció una de las mayores revoluciones de la historia; de cómo miles de trabajadores abandonaron el campo para trabajar en las fábricas, modelando así la sociedad y los paisajes actuales; de cómo, en definitiva, el mundo occidental vivió un profundo cambio y el País Vasco fue uno de los protagonistas.


LUNES 11 de Julio

-Ríos y Mareas. Thomas Riedelsheimer, 2000, 90 min

Ríos y mareas es un sensual y poético viaje por el mundo y la mente del reconocido escultor Andy Goldsworthy, artista británico que desde hace veinte años crea obras de arte en bosques y cauces de ríos de todo el mundo, sin otras herramientas que sus manos. Utilizando materiales de la naturaleza, Goldsworthy obtiene magníficas e ingeniosas creaciones a base de pétalos, madera, hojas, piedras o hielo moldeados por la luz del sol, las mareas o la humedad. Esta película a modo de documental del proceso de creación de este genial artista ecológico, representante del movimiento Land Art, nos muestra no sólo el proceso de creación sino las sensaciones que acompañan al artista. Rodada en diferentes lugares de Francia, Escocia, Canadá y Estados Unidos donde Goldsworthy crea sus obras. El director Thomas Riedelsheimer lo acompañó durante un año para documentar sus improvisados procesos creativos y capturar el resultado espectacular de sus trabajos en unas imágenes sobrecogedoras y de una belleza fuera de lo común.

miércoles, 1 de junio de 2011

Resumen de la conferencia de Miquel Amorós en las II Jornadas de Cultura Libertaria en Cartagena


Luchas urbanas y luchas de clase

“Para cambiar la vida hay que cambiar el espacio”
Henri Lefebvre

No existe espacio natural. Todo espacio es espacio social; implica, contiene y disimula relaciones sociales. Las relaciones sociales tienen una existencia espacial; se proyectan en el espacio y se inscriben en él produciéndolo. Como son capitalistas, el espacio social tiende a ser espacio del capital, su campo de acción y el soporte de su acción. El capital lo fagocita, rompiéndolo y reuniendo los pedazos, vaciándolo de sujeto y poblándolo con un sujeto abstracto, sumiso y domesticado. La sociedad urbana sustituye y sucede a la sociedad de clases a cuando el capital completa la unificación y colonización del espacio. Ha producido y modelado un espacio propio, abstracto, instrumental y manipulable, y, al mismo tiempo, ha producido y modelado a sus habitantes, controlando su tiempo. La diferencia entre éstos y los antiguos proletarios es abismal. Aquellos poseían su espacio aparte --las barriadas obreras-- donde la vida cotidiana, fuera del mercado, se regía por otro tipo de valores y reglas. El nuevo asalariado ha sido emancipado de su clase; no se orienta en el espacio urbano por más referencias que las de la mercancía-espectáculo. Su vida cotidiana reproduce fielmente sus indicaciones. Como siempre, el lugar que ocupa depende únicamente de su salario, pero a diferencia de antes, ya no habita en un espacio colectivo, autónomo y con historia, sino en un espacio abstracto, vacío de sentido, que los signos y mensajes del poder han rellenado. 

La conurbación, elemento constitutivo de la sociedad urbana, es ese espacio, resultado del crecimiento descontrolado de las fuerzas productivas. En su interior todos los problemas políticos y sociales se agravan y se anulan al mismo tiempo, pues gracias al bloqueo de la experiencia, la pérdida de memoria y la incomunicación su percepción es cada vez más problemática. La conurbación es un espacio enajenado de enclaustración y de adiestramiento, no hecho para recordar y soñar, sino para olvidar y adormecer. Como el capitalismo, aquella se edifica sobre crisis: demográficas, energéticas, financieras, políticas, culturales, laborales, sanitarias, ambientales, etc.; la crisis es su atmósfera y la amenaza de colapso su estímulo. Por eso es un espacio policial total, monitorizado, donde se gestionan los movimientos de sus habitantes. En las conurbaciones puede automatizarse al máximo la vigilancia preventiva, incluso puede establecerse, lo mismo que con las mercancías, una trazabilidad de la población que permita su seguimiento permanente. Es una necesidad a partir de un determinado nivel crítico de complicaciones y problemas insolubles. El control de un mundo cada vez más complejo y centralizado no puede obtenerse más que con la conversión de los individuos en autómatas, dentro de un espacio que el diseño urbanístico y las técnicas de seguridad vuelven neutro, transparente, homogéneo y esterilizado. Un espacio así oscila entre el estadio deportivo, el centro comercial y la cárcel.

La domesticación casi mecánica de los individuos en el espacio urbano viene confirmada por la decadencia de las luchas obreras y vecinales. La condición de asalariado ya no basta para constituir una identidad o definir un “mundo”. Ya no existe una ciudad obrera real dentro de una metrópolis burguesa oficial, coexistiendo y contrastando con ella. Las conurbaciones no tienen misterio ni “nada que declarar”. En el pasado las asociaciones de vecinos aspiraban a encajar los barrios periféricos en la urbe reivindicando servicios y equipamientos elementales. No ponían en duda el modelo urbano, querían formar parte de él, pero en pie de igualdad con los distritos céntricos. Sin embargo, ahora la lucha urbana no puede pararse ahí, acondicionando el escenario de la esclavitud; ha de cuestionar a fondo la propia conurbación, ha de descapitalizarla. Un principio antidesarrollista básico dice que una sociedad llena de capital es una sociedad urbana, por lo que una sociedad vacía de capital ha de ser una sociedad agraria. Por lo tanto, bajo esa perspectiva, un espacio urbano liberado será fundamentalmente un espacio desurbanizado. Ello no significa la desaparición de la ciudad, ya consumada en la conurbación, sino la superación positiva de la oposición ciudad-campo y el rechazo radical a la degradación de ambas realidades en un magma indiscernible. La recuperación de la ciudad, eje del proyecto en el que se han de inscribir las luchas urbanas, es paradójicamente un proceso ruralizador.

El antidesarrollismo es hoy por hoy el único anticapitalismo. Parte de la nocividad intrínseca de la producción capitalista, lo que lleva a rechazar su reapropiación, punto esencial de todos los programas socialistas. Sin embargo, la degradación del antiguo proletariado obstaculiza una toma de conciencia en ese sentido e impide la clarificación de nuevas estrategias. Si aquél abdicó de su misión histórica, o sea, renunció a apoderarse de los medios de producción y distribución, con mayor razón se opondrá a su desmantelamiento, seguramente por lo que supondría de “pérdida de puestos de trabajo”. La lucha por el salario y el empleo a menudo se coloca en el bando de la dominación, debido a que tras la evaporación de los intereses de clase no prevalecen más que los intereses particulares y corporativos, contrarios al “desarme industrial” que exige una sociedad liberada (p.e. la defensa del trabajo a ultranza en las plantas petroquímicas, en las fábricas de automóviles, en las centrales nucleares, en la seguridad privada, en la construcción, etc.). El trabajador conformista e hipotecado nunca cuestiona la naturaleza de su trabajo, que considera “como cualquier otro”, y prefiere ignorar la incompatibilidad total entre la producción actual y una sociedad libre. Además, el trabajo asalariado y el endeudamiento son la forma habitual de subsistencia en la sociedad urbana y siguen el ritmo expansivo de las conurbaciones. Van asociados al crecimiento económico, y por consiguiente, a la destrucción del territorio. El conflicto territorial tiene objetivamente a los asalariados junto a la patronal y el Estado (p. e. en la construcción del TAV, de autopistas, de pantanos y trasvases, de centrales térmicas, de adosados, de campos de golf y puertos deportivos, de líneas MAT, etc.). Sus intereses inmediatos son más próximos y no tienen otros.

La lucha urbana toma el relevo de las lucha obrera pasada, porque, dado que el capital integra perfectamente cualquier reivindicación del trabajo, la cuestión social no puede plantearse como cuestión laboral, pero sí como cuestión urbana. Las contradicciones del régimen capitalista, cada vez menos evidentes en los lugares de trabajo, se despliegan y hacen visibles en la vida cotidiana, que alimenta el conflicto urbano. El espacio abstracto del capital es una fábrica del vivir en serie. La vida cotidiana es un sector colonizado, invadido por la técnica, el consumismo y el espectáculo. Es vida privada, incomunicada, aprisionada; prolonga el trabajo, equivale a trabajo. Por eso la lucha urbana tiene las características de una lucha de fábrica; sin embargo no reivindica una privacidad mejor equipada, con el tiempo bien repartido en las respectivas zonas funcionales, sino una vida al margen del capital, descolonizada, con su espacio propio, disponiendo de un uso libre del tiempo. Es una lucha por el espacio, al que hay que reconquistar y dotar de contenido.

La luchas urbana debe alumbrar un nuevo sujeto, un nuevo proletariado que se no se niegue afirmándose, sino que se afirme negándose; que no pretenda universalizar la condición obrera, sino que la rechace de plano. Si no se pone en tela de juicio el trabajo mismo, no se cuestionar el capital: el anticapitalismo verdadero es antiobrerista. Para que un sujeto colectivo o lo que viene a ser lo mismo, una clase, pueda constituirse, ha de crear su espacio específico desde donde reunir fuerzas contra la clase adversaria. El espacio del capital, poblado de asalariados, automovilistas y consumidores, no es el adecuado. Ha de transformarse, y para hacerlo primero ha de ser arrebatado al mercado. Ha de dejar de ser un espacio de trabajo, de consumo, de circulación, de ocio, etc. En el nuevo espacio liberado sus habitantes han de lograr un grado de autonomía suficiente (en alimentación, ropa, calzado, educación, transporte, sanidad, autodefensa, información, etc.). La autonomía es la condición para que la negación del capitalismo, la clase anticapitalista, pueda darse. El desarrollo de una logística independiente garantizaría la autonomía de una colectividad segregada, administrando su tiempo y dominando su espacio. ¿Es ello posible sin liberar a su vez porciones de territorio? En las conurbaciones y sistemas urbanos puede darse, por ejemplo, una relativa autonomía sanitaria o informativa, pero para que exista una abastecimiento autónomo donde nadie puede producir directamente sus alimentos, hace falta relacionarse con los productores. La soberanía alimentaria sería pues el primer eslabón entre las luchas urbanas y la defensa del territorio. No obstante el éxito de los primeros pasos, el problema no ha hecho más que empezar. La sociedad urbana tiende a encarecer la habitación, suprimir los huertos periurbanos, anular los espacios de uso común y acosar a los disidentes, es decir, tiende a complicar enormemente los esfuerzos de automarginación y a reducir los espacios liberados a guetos minúsculos ¿Es posible en esas condiciones un grado suficiente de segregación y autoexclusión? Depende del momento. El mercado mundial segrega y excluye por sí mismo, generando en la conurbación y mucho más en el medio rural un espacio de economía informal desmonetarizada que las crisis contribuyen a desarrollar. Por otra parte se generalizan formas discretas de sabotaje del trabajo como el absentismo ¿Pero puede darse en ese marco un nivel suficiente de autonomía cultural y política? ¿Puede realmente formarse en su seno un sujeto revolucionario? El sujeto se recompone como comunidad en la lucha, pero nunca de golpe. Durante un tiempo es una comunidad sólo en potencia, porque aunque las luchas urbanas pueden hacerlo emerger, no tienen envergadura suficiente para consolidarlo. La lucha urbana es durante ese periodo una lucha de clases en germen; una clase en proceso de formación se enfrenta a otra ya formada. Para afirmarse por completo el sujeto ha de segregarse y construir su autonomía y ésta ha de reflejarse en contra-instituciones. Imposible que lo haga sin extenderse por el territorio. La segregación laboral y cultural ha de confluir con una segregación territorial. La negación del trabajo asalariado y del espectáculo no puede arrancar con efectividad sin la salida del mercado de amplias porciones de territorio. Para empezar la libertad se erige sobre bases agrícolas.    

Una lucha urbana que quisiera ser auténtica y no liberara su propio espacio, permanecería en la abstracción. La lucha que no produce su espacio no va hasta el fin, fracasa a la hora de crear y acaba en gueto. No cambia la vida, sólo la ideología. No crea nuevas instituciones, ni proyecta una nueva arquitectura o concibe un urbanismo liberador. Se manifestará en escaramuzas contra el mobing, expropiaciones, derribos, expulsiones, corrupción urbanística, planes parciales, videovigilancia, ordenanzas, etc., pero no sacará conclusiones, cuestionando la sociedad urbana en su conjunto y pugnando por otro modelo social distinto. No forjará un sujeto colectivo, pues solamente las luchas conscientes son capaces de hacerlo. Una lucha urbana es efectiva sólo si es capaz de aglutinar a una comunidad de individuos que consiga sustraer su vida cotidiana a los imperativos capitalistas. El mercado recupera pronto el terreno perdido, por lo que la lucha ha de prolongarse encadenando conflictos, lo que no es demasiado difícil, dados los planes de “regeneración urbana” y museificación de los municipios (recosidos, esponjados, equipamiento, rehabilitación, reconstrucción, modernización) y los proyectos constantes de “cinturones” viarios (rondas, túneles, patas, variantes, accesos, desdoblamientos, ampliaciones o soterramientos). La lucha urbana es una resistencia a la valorización del suelo y a la acumulación de beneficios inmobiliarios, una barrera a la remodelación discriminadora, a la arquitectura fálica, pretenciosa y exhibicionista, al autoritarismo administrativo... en fin, un frente contra el espacio o mundo de la mercancía. Ha de forjar un plan y mostrar un modelo alternativo a la sociedad urbana, descentralizador y comunitario, aprovechando las oportunidades de la economía informal y desarrollando una crítica a la arquitectura y al urbanismo capitalistas, pero para ello necesita fuerzas que no tiene. A fin de superar su fragilidad teórico-práctica ha de encontrar aliados en otros frentes, objetivo que la encamina hacia la defensa del territorio. La liberación del espacio urbano requiere un territorio libre.

La lucha por el territorio tiene por escenario la conurbación y sus satélites, puesto que el territorio ha sido despoblado y su repoblación depende de aquella, pero ya no es una lucha urbana strictu sensu, porque se despliega en medio rural. Hoy se concreta en una resistencia a la urbanización, a la nuclearización, a la agricultura industrial y a las infraestructuras, bien sea logísticas, hidráulicas, energéticas o de transporte. Es una ofensiva contra la planificación y al ordenamiento que determinan sus usos y lo transforman en capital. La defensa del territorio, la lucha por su autonomía, es antidesarrollista. Es una verdadera lucha de clases que se traduce más que nunca en el espacio. Impide que el espacio abstracto progrese, que se vuelva medio de acumulación, tratando de establecer en los territorios liberados de relaciones comunitarias en conflicto con el mercado. La defensa del territorio constituye el eje de la cuestión urbana, porque el territorio sometido al capital ya no es una simple reserva de espacio, sino la fuente principal de beneficios particulares y un “yacimiento” de puestos de trabajo. La nueva acumulación capitalista parte del encarecimiento de las materias primas, de la construcción de infraestructuras gigantescas, de las energías renovables, del reciclaje de desperdicios, del acondicionamiento paisajístico, del turismo rural, etc., es decir, parte del territorio. En esta nueva fase el Estado recupera la importancia perdida, puesto que no se trata ya de desmantelar una asistencia social cada vez más costosa y desregular un mercado laboral con una intermediación excesivamente poderosa, sino de financiar una “economía sostenible”, o sea, de endosar a la población la factura de los costes de una reconversión “verde”. Esta nuevo ecologismo de mercado no llega para modificar las bases económicas de la dominación, sino para reforzarlas. Por lo tanto no se propone acabar con la agresión al territorio, con el despilfarro o con el consumismo, sino al contrario, pretende apuntalar su continuidad. Lo “sostenible” es más de lo mismo, pero pintado de otro color.

Una vez que la penuria estricta ha sido dejada atrás, el conflicto social no se manifiesta plenamente dentro de la actividad económica, sino en la oposición entre la economía y todo lo que se le resiste. El antagonismo principal no se produce en la esfera de la producción o en la de los servicios, sino fuera de ellas y contra ellas. En la vida cotidiana, en el territorio, fuera del trabajo y contra el trabajo. Por eso el absentismo y las prácticas de autoexclusión y cooperación cobran una importancia crucial. El cambio de paradigma teórico --fin del proletariado, segregación, antidesarrollismo— de ningún modo implica una renuncia a la lucha radical o el abandono de cualquier perspectiva revolucionaria, puesto que los antagonismos no han desaparecido; ni siquiera han disminuido. Sencillamente se han mudado de lugar, aumentando en intensidad. Se impone una reflexión crítica sin concesiones ideológicas y una reorientación práctica basada en la disidencia y la vuelta al territorio. Pero mientras los procesos de deserción y reinstalación no sean significativos el conflicto social navegará en la ambigüedad, pues la crítica auténticamente subversiva no progresará lo suficiente y los antagonismos permanecerán en la penumbra. La oscuridad teórica apenas favorece a la ideología obrerista, verdaderamente marciana, pero en cambio permite peligrosamente el avance del ciudadanismo, cuyas propuestas --que se quieren pragmáticas y reformistas porque están en la vanguardia de la acumulación-- sirven para empantanar el combate. Los seudomovimientos ciudadanistas no afrontan las contradicciones del sistema capitalista sino que las disimulan, afirmando la neutralidad del Estado y la posibilidad de otro capitalismo (de otro desarrollo, de otra globalización, de otra política, incluso de otro sindicalismo). Su auge aparente bajo diversos disfraces –ecologismo, alterglobalización, decrecimiento, municipalismo, sindicalismo alternativo— obliga a que la lucha urbana y la defensa del territorio se libren por encima de todo en el terreno de las ideas. La práctica necesaria no podría avanzar sin ellas. La ceremonia de la confusión ha de disiparse cuanto antes y los farsantes han de quedar desenmascarados, pues el sujeto revolucionario nunca podrá surgir en connivencia con el sistema, como alegre ciudadanía participativa, sino desde fuera y en su contra, como furioso proletariado desertor.

Miguel Amorós
II Jornadas Libertarias de Cartagena,13-V-2011, Ateneu Llibertari l’Escletxa (Alacant) y Forat de la Vergonya (Barcelona), 14 y 21 de mayo.



miércoles, 11 de mayo de 2011


Presentación libro Perspectivas antidesarrollistas (Miquel Amorós) en Cartagena.



Salud compañeros/as:


El viernes 13 de Mayo tendremos la ocasión de escuchar por primera vez en la Región, al compañero Miquel Amoros, presentando su ultimo libro Perspectivas antidesarrollistas. Esta conferencia esta enmarcada en las Jornadas de cultura libertaria que esta desaarrollando la CNT de Cartagena en las instalaciones de la UNED (18:00 horas)

Miquel Amorós, hijo y nieto de anarquistas, toma contacto con el anarquismo en 1968. En los años 70 participó en la fundación de varios grupos autonomos libertarios entre los cuales figuran Bandera Negra, Tierra Libre, Barricada, Los Incontrolados y Trabajadores por la Autonomía Obrera y la Revolución social. Pasa algún tiempo en las cárceles franquistas antes de exiliarse a Francia.

Sus ideas son cercanas a las del movimiento situacionista y a las corrientes anti-industriales. Miguel Amorós estuvo en relación con Guy Debord a principios de los años 80.

Entre 1984 y 1992, Miguel Amorós hizo parte del equipo redactor de la revista francesa postsituacionista Encyclopédie des Nuisances junto a Jaime Semprún.

Miguel Amorós ha escrito numerosos artículos en la prensa libertaria. También ha pronunciado varias conferencias sobre cuestiones sociales, en particular sobre la ideología del progreso y los perjuicios que ocasiona. Sus principales libros son La Revolución traicionada. La verdadera historia de Balius y Los Amigos de Durruti (2003) y Durruti en el laberinto (2006).

En 2009 publicó una biografía del anarquista valenciano José Pellicer, fundador de la Columna de Hierro durante la Guerra civil española, que sirve de hilo conductor al estudio del anarquismo en la región levantina.

Os esperamos a todos y todas.

Autonomos Murcia

[Murcia] Manifestación Domingo 15 de Mayo



Desde Inflamablezine nos hacemos eco de la manifestación que se realizará en Murcia el próximo domingo 15 de Mayo convocada por la plataforma ¡Democracia Real Ya! La manifestación comenzará a las 18:00 en Floridablanca.








martes, 3 de mayo de 2011

martes, 26 de abril de 2011

Nuevo libro en la distribuidora.



Perspectivas antidesarrollistas
Autor: Miquel Amorós                                   
Año: 2011
Páginas: 196
Precio: €8,0

En este libro se agrupan textos producidos por Miquel Amorós entre mayo de 2009 y diciembre de 2010, junto con algunos anteriores que les han servido de preámbulo, resultado todos ellos del trabajo de agitación al que desde hace años se viene dedicando su autor.

La crítica antidesarrollista no llega como una novedad empaquetada y a disposición de quien quiera usarla. Resume y abarca todos los elementos críticos anteriores, pero no es un fenómeno intelectual, una teoría especulativa fruto de mentes privilegiadas dispuestas a largas jornadas de estudio y meditación. Es una reflexión de una experiencia de lucha y de una práctica cotidiana. Está presente un poco en todas partes, de una forma u otra, como intuición o como hábito, como mentalidad o como convicción. Nace de la práctica y vuelve siempre a ella. No se queda en libros, artículos, círculos, de enterados o torres de marfil; es fruto tanto del debate, como de la pelea. En una palabra: es hija de la acción, este es su medio y no puede sobrevivir fuera de él.

¿Qué entendemos por «desarrollismo» y por qué nos oponemos a él?

Cuando hablamos de desarrollismo, entendemos un conjunto de ideas, principios, estrategias y técnicas (lo que podría constituir una ideología), cuyo fin último es el desarrollo de las llamadas «fuerzas productivas» para conseguir un progreso económico acompañado de un supuesto progreso social.
Quienes nos oponemos al desarrollismo, cuestionamos este conjunto de ideas y de prácticas porque históricamente se ha demostrado que la consecución de las utopías del progreso material (tanto liberales como socialistas) han sido refutadas por la realidad actual de unas sociedades en constante desequilibrio, donde la relación entre seres humanos, y entre seres humanos y naturaleza, tiende al colapso.

Esta paulatina descomposición de las sociedades va acompañada del aumento del papel represor del Estado y de la suicida huida hacia delante que las clases dirigentes y los grupos más privilegiados imponen como pretendida «solución» a los descontentos provocados por el desarrollo de la sociedad industrial. La marcada irracionalidad del desarrollismo se constata en múltiples facetas de la forma de vida ―o forma de muerte― en que nos encontramos inmersos. La vida alienada en las grandes urbes y megalópolis, la atomización, insociabilidad y degradación de las personas, la imposición de la movilidad y el transporte íntegramente dependiente del petróleo, la destrucción de la naturaleza, del medio rural y de las comunidades locales, la militarización del territorio, la manipulación genética de los alimentos, la construcción de grandes infraestructuras para mantener el proceso de acumulación, etc. Hechos que caminan en la dirección de una intoxicación mayor de todas las relaciones sociales para el mantenimiento de un nivel de vida y confort que a cada paso se vuelve más insostenible.


Entendemos que posicionarse frente al desarrollismo significa oponerse a un conjunto de relaciones sociales y no tanto a su gestión pública o privada, a su tinte político más o menos conservador o progresista. Estos términos se relativizan ante la enormidad de las agresiones y la adulteración de la vida que el sistema tecno-industrial necesita llevar a cabo para mantenerse en pie. Por tanto, no entendemos que un «cambio de manos» vuelva mejor una central nuclear, un superpuerto de contenedores, una línea de Muy Alta Tensión, un Tren de Alta Velocidad o un cultivo transgénico; o que una mayor presencia del estado o un mayor despliegue de medios técnicos vayan a resolver ningún problema fundamental.
En este sentido, el antidesarrollismo no deposita ninguna esperanza en modificaciones técnicas o de ingeniería política para la delimitación de «riesgos», pues se entiende que la cuestión central pasa por el rechazo en su conjunto de la sociedad que produce tanto esos riesgos como a los encargados de minimizarlos.
Por todo ello, la oposición al desarrollismo se acerca a algunas concepciones libertarias ―en su crítica al Estado y al Capital―, aunque sigue siendo crítica con algunos «anarquismos» enquistados en la reclamación de la «autogestión» de cosas que nadie debiera querer gestionar. Entendemos que, si se trata de provocar una transformación social, la magnitud de nuestra derrota es desalentadora. Pero precisamente por eso es hora de comenzar a trabajar en un sentido distinto, partiendo de las luchas locales y tratando que las ideas contra el desarrollismo, el mundo capitalista, y las élites tecnoindustriales beneficiarias, vayan calando poco a poco en el marco de esos conflictos.


Entendemos que no existe ningún botón mágico que invierta el desarrollo industrial de los últimos doscientos años a un estadio precedente ―tampoco lo creemos deseable―pero sí es obvio que muchos de los proyectos que tratan de imponerse para mantener el nivel de consumo en los países occidentales (nucleares, térmicas, eólicas, alta velocidad, militarización urbana, etc.), generan rechazo y algún tipo de movilización en contra que, aunque parcial y mediada por la tónica general del ciudadanismo bienpensante, suponen la oportunidad de, a partir de una lucha real sobre el territorio y un tejido social preexistente, profundizar la crítica al orden impuesto.


Ante nuestras narices: el desarrollismo y la «rendición sostenible» de la  conciencia crítica.


Los estragos que el desarrollismo ha causado en los últimos sesenta años en la Costa mediterránea son un ejemplo perfecto de lo que venimos diciendo. El modelo desarrollista basado en el turismo, primero europeo y después internacional, exigió la paulatina desaparición de las economías locales para dar paso a la urbanización de toda la costa y a un tipo de «modernización económica» que suponía la aniquilación de todo aquello que la precedía. La «transacción» democrática no supuso ninguna ruptura en este sentido con el régimen franquista, más bien aceleró la integración en el marco del nuevo industrialismo global que se estaba gestando, especializándose en la oferta de turismo residencial, adosados, segundas viviendas y la despoblación de los centros urbanos y barrios antiguos hacia las nuevas zonas de expansión, con hitos como la monstruosidad anteriormente conocida como el pueblo de Benidorm.


Las sucesivas crisis de este «modelo de desarrollo» y su agotamiento, no supuso en general ningún tipo de proceso transformador ni revolucionario. Al contrario, el último periodo de acumulación salvaje ―en el lapso comprendido entre 1996 y 2008, aproximadamente― da la medida de la fuerza arrolladora del discurso desarrollista y sus consecuencias devastadoras. La proliferación de las urbanizaciones cerradas que destruyen cualquier idea de «ciudad» que aún pudiese defenderse, el absurdo fetichismo del campo de golf y el centro comercial como reclamos de una vida de perpetuas vacaciones, la proliferación de la Alta Velocidad que convierte aún más a la Costa mediterránea en «la playa de Madrid», las autovías y autopistas que profundizan la irracional movilización a través del coche y que amplían el modelo de «sol y playa» a las comarcas interiores, los trasvases para mantener el consumo de agua desproporcionado en la costa, las incineradoras de residuos, las desaladoras, la destrucción de tierra fértil para el crecimiento de ciudades y pequeños municipios, las diferentes leyes y planes urbanísticos (LRAU, PAI, PGOU, PERI...) todas estas expresiones del totalitarismo modernizador, que suponen una brutal sobreexplotación de los recursos naturales, han venido acompañadas de una ausencia casi total de conflictos que pusiesen en cuestión el modelo mismo y no sólo alguno de sus «excesos» más aberrantes. Lo que nos debería llevar a reflexionar sobre el papel que los movimientos transformadores han tenido en esta «rendición sostenible» de la conciencia crítica.

Entendemos que, en el contexto actual, es más necesaria que nunca la profundización de esta crítica a un modelo de desarrollo territorial que conlleva una descomposición social extrema, y la consolidación de un orden que cada vez necesita menos mantener las «buenas formas democráticas», y que apela a la gestión policial y a la militarización como último recurso ante sus opositores. Profundizar este tipo de crítica social, constituir prácticas que realmente se opongan al modelo desarrollista, será una tarea ardua y que deberá partir inevitablemente de la «oposición existente» para tratar de llevar el conflicto hacia posturas más intransigentes con el tipo de sociedad impuesto.

Algunos Antidesarrollistas de Levante