martes, 6 de septiembre de 2011

La movilización renovada



Ahora que sí que ha dejado de sonar el tambor, los hechos acaecidos durante los últimos meses nos han demostrado diferentes aspectos de la realidad que anteriormente se mantenían en la sombra. El movimiento 15M está saliendo de las estructuras de la autoorganización para sumarse mutatis mutandi a la política institucional. No obstante, lejos de ver en ello una traición a los revolucionarios, a los que nunca dejó de demostrar cierta desconfianza, se puede observar una continuidad lógica –que sea lógica no significa que no sea enfermiza- inmersa en una estrategia global de dotar legitimidad a las democracias parlamentarias, sea imponiéndolas en el llamado “mundo árabe” o mejorándolas en el mundo occidental. Lo que nunca dejaron de ser reivindicaciones, pasarán a formar parte de las vagas promesas electorales.
¿Qué queda entonces de la autoorganización? Nada, ya que lo que para nosotros ha tenido un significado denominado por dicha palabra, para la gran mayoría de participantes en estos movimientos de masas no ha habido palabra alguna que designase lo que estaba sucediendo. Mientras nosotros hemos visto autoorganización, asamblearismo y acción directa; la gran mayoría ha visto democracia, colaboración con la policía, políticos interesados y pacifismo como solución a todos nuestros problemas. Nuestra incapacidad para nombrar aquello que sucede ha dejado un vacío enorme que los medios de comunicación han aprovechado para erigirse no solo como auténticos narradores, sino como auténticos escritores de esta pequeña parte de la historia. Sin prensa no hubiese habido 15M.
La exagerada conducta ciudadanista no se ha debido a la manipulación de seres malévolos desenmascarados por determinados personajes ultralibertarios en determinadas páginas web, sino a que este movimiento ha tomado la forma de los deformes deseos de la ciudadanía. Si no fuesen deformes, no serían deseos de ciudadanos, y por este mismo motivo, la prensa ha sabido darles el nombre que han tomado. La ciudadanía es aquel tipo de ser humano manipulado desde el momento de su nacimiento, las sectas que en una movilización  digan lo que sus calenturientas mentes consideran oportuno no deben ser el objetivo único de una crítica seria. Habría que centrarse más bien en qué es el ciudadanismo y qué objetivos persigue.
En Europa se ha venido desarrollado como una serie de movimientos de masas, a los que se ha “dejado hacer” para conformar esta nueva forma de movilización legítima. Estamos ante un acontecimiento histórico, es la primera vez que en este mundo se puede protestar y salir de rositas. Excepto un par de cargas policiales queda muy poco para que esta nueva forma de contestación ciudadana esté perfeccionada y lista para usarse. Dentro de unos años no acudirá la policía a las manifestaciones para velar por la seguridad, no hará falta. Tampoco hará falta que políticos interesados vengan a proponer el diálogo, ni otras refinadas formas de recuperación, estas se buscarán desesperadamente. La centralidad del discurso democrático/parlamentario es patente y es esta centralidad, precisamente, la que construye en torno al ciudadanismo una muralla infranqueable para un discurso más radical. Los políticos solo tienen que lanzar una red de “diálogo” y “participación” para utilizar estos movimientos como quieran.
Esto ya lo pudimos observar en las luchas llevadas a cabo contra el Plan Bolonia, y desde las manifestaciones contra la guerra de Irak se ha ido formando una dinámica de luchas que han tenido su exponente más “radical” en el 15M. Las características de estos movimientos son:
-Asamblearismo
-Líderes encubiertos
-Masificación
-Movilización pacífica
-Colaboración con los medios de comunicación
-Colaboración con la Policía (a pesar de las cargas)
-Parcialización de los objetivos
-Crítica de los problemas, no de sus causas.
-Utilización de Internet de forma exagerada
Etc.
Respecto de este tipo de movimientos de los cuales, como ya hemos dicho, son exponentes el 15M, las movilizaciones contra la Guerra de Irak, o la lucha contra el Plan Bolonia, el movimiento anticapitalista autónomo debe posicionarse claramente para tener una reacción adecuada cuando estos sucedan.
Una parte defenderá la participación activa en ellos, como unos más del movimiento. La ventaja de esta opción es la de que nos damos un “baño de realidad” bastante necesario para algún que otro apóstol de la anarquía, además de resultar un buen antídoto contra la verticalización y la manipulación en las asambleas de estos movimientos. La desventaja principal podría ser dejar de hacer otras actividades, la enorme cantidad de paciencia necesaria y, por último, la legitimidad que se le da al ciudadanismo y, en ocasiones, al izquierdismo en sus reivindicaciones y movilizaciones*.
Una interesante puntualización aquí sería la de que es necesario valorar hasta que punto lo que los movimientos anticapitalistas realizan es más importante que lo que los movimientos reformistas hacen. Un análisis respecto a nuestra propia actividad y la relevancia social de la misma puede ser un batacazo duro, pero necesario para mejorar y para clarificar nuestra posición.
Otra de las opciones consiste en introducirse de lleno en estos movimientos pero para manipularlos. Debido a que consideramos necesario excluir a los diferentes partidos comunistas y microorganizaciones trotskistas del elenco anticapitalista, no creemos que ninguno de sus miembros acepte que la manipulación de la que hacen gala, ni siquiera dirigida a un “bien superior”, esté justificada en caso alguno. Otra vez incluimos aquí la necesidad del debate, en este caso respecto a la mencionada manipulación, ya que ¿no es manipulación el victimismo del que a veces hacemos gala los movimientos anticapitalistas? Así las cosas, nos negamos rotundamente a la manipulación bajo cualquiera de sus formas, y quien lo considere necesario que incluya esta última frase entre signos de interrogación. Las respuestas en ocasiones sorprenden.
Una última opción consiste en ignorar estos movimientos y tacharlos de reformistas o izquierdistas, indistintamente. El no saber diferenciar ni siquiera los mismos insultos que tranquilamente repartimos es síntoma de una muy grave enfermedad. La postura de ignorar estas realidades puede resultar coherente si se dispone de una verdadera crítica a este tipo de movimientos y una práctica más adecuada a la realidad actual. No está el movimiento anarquista como para ponerse a competir “a ver quién la tiene más grande” en cuanto a crítica social.
La postura empirista parece la más adecuada, comprobar las cosas por nosotros mismos. Esto, naturalmente no se ha hecho por variados motivos, que van desde el miedo a perder la propia identidad, como si ser anarquista fuese una identidad, al miedo a tener que debatir con esos recalcitrantes reformistas/izquierdistas que nada conocen de la lucha revolucionaria, los grupos de afinidad, la violencia y la insurrección. Como hemos dicho, la paciencia es necesaria en estos menesteres, si no fuese así muchos habríamos dejado de ser anticapitalistas al no haber realizado un solo avance en años de actividad.
Si nos referimos a la otra postura, la de la participación, cuando hablamos de empirismo hablamos de que si una teoría no funciona debe ser descartada. Un científico no realiza innumerables veces un experimento hasta que le da el resultado deseado, sino que va modificando variables y postulados hasta que encaja su modelo teórico con la realidad. Pues esto es exactamente lo que no se ha sabido hacer, analizar el movimiento del 15M desde fuera del corral ahora que ya llevamos una temporada revoloteando con él por el gallinero de la política. Si algunas asambleas de barrio no son horizontales, si la postura pacifista es inexpugnable, si no existe una crítica total al capitalismo, si se glorifica la democracia parlamentaria, habrá que aceptarlo tal y como es.
La pregunta sería ¿Esto es así por qué no hemos sabido dotarle de un discurso libertario? Y en tal caso habría que deslindar la palabra “dotar” de “manipular”, y también preguntarnos si nos creemos nosotros mismos ese discurso y si sabemos articularlo y expresarlo en idioma terrícola.
Desde mi punto de vista, una hipotética revolución, o mejor dicho, un cambio revolucionario, no vendrá de este tipo de movimientos, aunque tampoco de los recientes disturbios y saqueos de los barrios londinenses. Estas dos formas de considerar las revueltas tienen ambas signos positivos y negativos, y no se pueden glorificar ni rechazar per se. La revolución la harán los revolucionarios conscientes y la forma organizativa que tomen no será ni la una ni la otra, está todavía por crear. Las revueltas espontáneas son campos de acción social, en estos campos se abren nuevas perspectivas gracias a las cuales determinadas personas amplían su crítica al sistema imperante. Es ahí donde debe incidir el discurso revolucionario, centrando la crítica en la ideología de la democracia parlamentaria de una forma asequible y meditada. Hay que entender que no se puede cambiar todo un movimiento como el 15M, pero si se puede debatir con ciertas personas que lo conforman y llegar a conclusiones. Así sí que se avanza, y cuando se llega al punto en el que no se puede avanzar más, se pasa a otro campo de acción social que deberíamos haber abierto ya los movimientos anticapitalistas. La mayor parte de anarquistas participantes del 15M siguen viendo en él una esperanza, pero la gran cantidad de gente que mueve no es señal inequívoca de potencial revolucionario. Hay que aprender a conocer cuando un campo ya no da más de sí.
La postura del pseudo revolucionario criticando desde el sillón no es la adecuada, evidentemente. En cuanto a esto, el título de un reciente texto habla de cómo parecer revolucionario sin serlo, yo propongo preguntarnos como crear un movimiento revolucionario que excluya a la gente que trata de “parecer” algo. Y la sinceridad puede ser un factor decisivo en caso de que se aborden estos problemas, cosa que dudo que se haga.
 Sietevecescero
Agosto, 2011
*Al respecto, cabe destacar que el ciudadanismo no es lo mismo que el izquierdismo, el primero es más difuso y no se define ideológicamente, simplemente busca leves mejoras en el bienestar de los ciudadanos, siendo el resultado de la necesidad del sistema de mejorarse a sí mismo; el izquierdismo está medianamente definido ideológicamente y es el resultado de una serie de cambios históricos en la política del movimiento obrero extinto.

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