martes, 10 de septiembre de 2013

Stop al expolio de los bienes comunales (documental) El estado contra las formas populares de organización democrática.



Omaña, La Maragatería, Tierra de Campos, las Hoces de Vegacervera, el Torío..., sus pueblos, sus gentes y sus bienes comunales son los protagonistas de este documental, que refleja la lucha por la conservación y custodia del patrimonio compartido frente al Proyecto de Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local; norma que, a propuesta del Gobierno Central, incorpora, entre otras agresiones, la de expoliar los bienes comunales de nuestros pueblos.

 A través de la palabra de los que no suelen ser escuchados —ya sean vecinos o pedáneos-, y conjuntamente con la opinión de destacados defensores de la vida en los pueblos y comarcas, el documental, como en una sola voz, argumenta, apelando a las razones y las emociones, contra las falsas metas de "racionalización" y "sostenibilidad" que el Proyecto de Ley reclama. Y así refutando las odiosas ideas de la administración, se recrea la voz de la gente recordando el valor de hacenderas y bienes comunales, tan vivos entre ellos; o se emocionan las palabras citando el respeto y cuidado de lo común: los trabajos de alcantarillado y canalización del agua de todos; las labores de construcción de molinos, acequias, consultorios, escuelas... En fin, va quedando en expresión rotunda y clara, la labor de los vecinos que, en equilibrio con el medio, asegura la pervivencia de pueblos y gentes; y podría asegurar, se viene a decir, la de aún más gentes y pueblos.

Equilibrio, también, en los concejos —formas de participación democrática y directa en la toma de decisiones sobre lo común- que corren peligro de morir por la voracidad del mercado, o -lo que se viene llamando- la sed de ganancias, el ansia de dinero. Eso sí, disfrazando la hazaña con razones y leyes que sostienen con cara seria cómplices gobiernos y administraciones.

La elaboración del documental, por otro lado, los trabajos de rodaje, edición o producción se han llevado a cabo, como si de un bien comunal se tratara, gracias a la generosa participación de tanta y tanta gente, cuya voz casi anónima ha intentado llevar a la práctica, a su modo, una atrevida hacendera. Quedemos todos bien pagados si conseguimos, con el clamor de más y más gente, parar el expolio de nuestros pueblos.


 para verlo pincha aqui

fuente:  http://grupotortuga.com/

"Perdimos en los '70 contra el capitalismo. Y el proletariado lo está pagando" Entrevista a Jean Marc Rouillan.



 

A sus 61 años, Jean-Marc Rouillan ha pasado un tercio de ellos, 25, entre las rejas de diferentes prisiones de máxima seguridad en Francia. Otro tercio de su vida, desde 1968 hasta que fue detenido en 1987, lo pasó en la clandestinidad que supuso para él la lucha antifranquista, primero, y el anarquismo después. Nacido en 1952 en Auch, a poco más de una hora de Toulouse, la "ciudad roja" francesa fue su escuela de activismo, y los viejos refugiados de la Guerra Civil española: anarquistas, comunistas, maquis, miembros del exilio vasco, sus maestros. El germen de mayo de 1968 supuso su salto a la acción armada ligando de esa forma sus primeras acciones con el antifranquismo en País Vasco y Cataluña.

Lo primero ¿cómo se encuentra de salud? Tengo entendido que padece una enfermedad rara, el Síndrome de Erdheim-Chester ¿puede deberse a su estancia en la cárcel?
Me encuentro bastante bien, gracias, por el momento no sufro sus síntomas. Erdheim-Chester es una enfermedad poco conocida, provocada por tumores de grasa, sus efectos son muy variados y no siempre los mismos: pérdida de energía, esclerosis, sangrados y diferentes fallos cerebrales. Por supuesto que culpo a la cárcel de mi mal. Las prisiones son prácticas de exterminio social, política y por supuesto de salud. "Tengo prohibido hablar de mis actos, bajo penas de hasta seis años de prisión. En 2008 me sentenciaron cuatro años por una entrevista"
Rouillan lleva algo más de un año en una libertad condicional muy restringida. Residente en Marsella, durante esta semana y la anterior ha aprovechado para recorrer Euskadi, Navarra y Logroño. En Euskadi, además de visitar a sus viejos camaradas de la lucha antisistema, ha aprovechado para reunirse y charlar con activistas y curiosos de su figura.

En Bilbao, Donosti y Vitoria huyó de la conferencia al uso, sus charlas eran un vivo ejemplo de asamblearismo.
No me gusta el modelo de conferencia, prefiero hacer asambleas o reuniones para discutir. Llevo 25 años en la cárcel, hay muchas cosas que han cambiado o son nuevas para mí. Por eso es tan importante para mí preguntar y aprender.

¿Le cansa hablar de política?
En ningún momento, soy un ser político y moriré con la enfermedad de la libertad. Sólo luchando por la libertad consigues un poco de libertad.

¿Quién le inyectó esa enfermedad libertaria que comenta?
Mi mayor influencia es la España republicana, la revolución de julio de 1936 porque además pude conocer a esa gente, a los máximos dirigentes de ese movimiento, y cómo pensaban. Es algo que jamás puedes olvidar.

Respecto a esto, ¿cómo era Toulouse en su niñez?
En mi juventud tuve dos suertes: tener 16 años en 1968 porque viví ese mayo con una gran efervescencia de rebeldía y rabia y en segundo lugar fue que Toulouse era la ciudad de los rojos, los maquis y miles de exiliados de la Guerra Civil. Y en el día a día podías hablar con gente que había hecho la revolución y que tenían una gran experiencia de lucha. Era una época muy emocionante
Para Rouillan y sus amigos, mayo de 1968 iba más allá de reivindicar la liberación sexual y el malestar económico, supuso el punto de inicio de una militancia más radical y libertaria. Apenas un año después, Rouillan se decidió a tomar las armas de los viejos maquis. Abrazado a una ametralladora Stern, su primera misión en la frontera española fue un transporte de libros y de folletines de Langileak a Donosti. Así se ganó su primer alias de lucha entre los catalanes del Movimiento ibérico de liberación (MIL) "Sebas" de San Sebastián. Tras Euskadi, formó el MIL con otros ilustres antifranquistas como Santiago Soler, Oriol Solé y Salvador Puig Antich. Rouillan era el chófer de Puig Antich el día que finalmente le apresó la policía del régimen.

¿Por qué empezó su activismo político en España, País Vasco y Catalunya?
Cuando creces en Toulouse te sientes más cerca de Bilbao y de Barcelona que de París. Cuando toda la gente en mayo del 68 hablaba de tomar las armas para nosotros en Toulouse significaba una cosa muy concreta: ir a combatir el fascismo del otro lado de la frontera. Entre mis amigos había hijos y descendientes de españoles exiliados, yo mismo tengo familia catalana. Impulsado por esto, empecé a cruzar armado la frontera a partir de 1969 y 1970, en apoyo de la movilización contra el Proceso de Burgos.
Perseguido por la justicia española, Rouillan pasó a Francia donde en 1979 fue uno de los fundadores de Acción Directa, un grupo terrorista de inspiración marxista y que compartió objetivos, logística y contexto con las Brigadas Rojas o la RAF en la Alemania Federal. Entre los más de 50 ataques de Acción Directa destacan el asesinato del ingeniero armamentístico René Audran y el de George Besse, presidente de Renault, en respuesta a un despido masivo de trabajadores de la empresa. Los cuatro terroristas; Nathalie Ménigon, Jöelle Aubron, Georges Cipriani y el propio Rouillan fueron arrestados en 1987 y condenados a cadena perpetua. En prisión, Rouillan ha escrito siete libros entre ellos unas Crónicas carcelarias, y sus memorias en la cárcel: Odio las mañanas.

En Odio las mañanas comenta que por su carácter antiautoritario también intenta huir de cualquier tipo de estilo, pero es un estilo muy gráfico, directo:
Si puedo hacer frases con una palabra, sería genial. Me gusta marcar mucho el ritmo narrativo. Ultimamente estoy utilizando mucho el paréntesis para conseguir una perspectiva más lejana del contexto que viví. Mi defensa como preso, para mantener el espíritu, es la escritura. Me dio el poder de escapar de esta situación en la que me encontraba.

Habla mucho de la nostalgia de la cárcel.
Soy un militante abolicionista. Pienso que la cárcel es una política de exterminación y terror contra los más pobres y una tortura cotidiana. Pero en cuanto a solidaridad colectiva la cárcel puede ser bonita. Es un momento de resistencia colectiva.

También tiene palabras de comprensión hacia los militantes arrepentidos, aquellos que colaboran con las instituciones para conseguir beneficios penitenciarios.
Si un compañero no puede aguantar más y acepta ser utilizado por el Estado no es un fallo. Es débil frente al poder del Estado. Los que aguantan en la cárcel son gente fuerte. Pero la gente muere en la cárcel, hay enfermedad. No todos podemos hacer el mismo camino en la lucha.

¿Cuál es su situación actual con la justicia francesa?
Estoy en un régimen muy duro de libertad condicional. No puedo volver a la ciudad donde crecí, Toulouse, y me está vetada la entrada en 38 departamentos franceses. Para venir a Euskadi desde Marsella he tenido que dar rodeos por Perpiñán. Para cada desplazamiento debo pedir la autorización del juez y lo permisos llegan pocos días antes de salir.

Incluso hay temas que tienes prohibidos, no puedes hablar de Acción Directa.
Al Estado francés no le interesa que mi historia policial y mediática sea cambiada por un testigo directo como soy yo. Por eso tengo prohibido hablar de mis actos con penas de hasta seis años de prisión. Buscan cualquier pretexto para tener una posición de terror sobre la persona que acaba de salir de la cárcel. En 2008 me sentenciaron a cuatro años más de prisión por una entrevista en L'Express. La sensación que quieren inculcarte es que puedes volver a prisión cuando ellos quieran. Después de 25 años es muy difícil reintegrarse en la sociedad con estas limitaciones, por mi posición social de antiguo preso, terrorista, activista, sin la posibilidad de ser un ser humano tranquilo y normal, como el resto.
Hablando, tras los 61 años de vida y lucha que le cubren la barba de canas, Rouillan mantiene un tono de voz pausado, seguro y quedo, como un poeta maldito. Su figura fuerte, su cabeza y sus manos pequeñas y gordas le dan una apariencia a marinero bretón, presente en sus ojos azabache que miran más allá de la sala y de la conversación.

Ahora que ha vuelto a Euskadi ¿qué recuerdos le ha traído San Sebastián?
Un vivo pero viejo recuerdo. Ha cambiado mucho. Mi alias de guerra venía de esta ciudad, "Sebas". Mis primeras acciones fueron en País Vasco, imprimiendo Langileak en Toulouse para los compañeros de ETA VI.

¿Cómo ve la situación de la izquierda abertzale?
El ambiente general es muy cargado, en el aire de las ciudades siento un peso que relaciono con el desánimo. Una tristeza que no llego a entender. Es un sentimiento, no un análisis. En Cataluña por ejemplo veo mucho más optimismo y una crítica práctica a posiciones autonomistas que hace diez o veinte años no se daban. La militancia está creciendo mucho. Por contra, en Euskadi no se puede olvidar jamás que hay 700 presos en las cárceles, puedes quitar las fotos de las calles, de los bares pero el problema sigue ahí.

Ha sido muy crítico con el mito de la Transición española ejemplar. Ahora más que nunca, es un proceso en cuestión.
Después de la Revolución de los Claveles en Portugal, la burguesía europea se puso manos a la obra para cortar el problema de raíz. Atrajeron hacia sí todo los movimientos políticos legales para preparar una solución política de continuidad con el régimen de Franco. Una solución política desde el corazón del Franquismo. Los españoles en cuanto percibieron un poco de libertad se sintieron plenamente realizados y que estaban en democracia. El 23-f, como todos los golpes de Estado, es una puesta en escena para aceptar al Rey. Puro cine. La burguesía nos lleva dos guerras de ventaja. El periodo pre Guerra Civil y este siglo XXI tan retrógrado son muy semejantes, el poder conoce la miseria del pueblo, el paro, y saben que la gente está muy cansada.

¿Dónde se sitúa políticamente ahora?
Comunista de izquierdas. Un opositor al marxismo-leninismo de tipo estalinista. Asambleísta y antiautoritarista.

¿Existe algún movimiento de respuesta social que le dé esperanza?
Sí, muchos. La situación es global, tenemos experiencias locales pero estamos experimentando movimientos nuevos. Y la acción debe ser global. No estoy hablando de internacionalismo, eso terminó en el sentido de que ya no existen naciones, es una lucha entre burguesía y proletariado.

¿Cree que ahora es posible desarrollar una lucha armada similiar a la de los '70?
 Existen las condiciones objetivas pero no las subjetivas porque sin una ruptura radical no puedes ir más allá. Una acción se hace con militantes, con hombres y mujeres dispuestos. No sólo con libros. Aprendamos de nuestra experiencia en los 70, la ola como decía el Che, era imprescindible pero se acabó. Cuando el capitalismo triunfó, los que éramos la punta de hierro del proletariado fuimos derrotados, queríamos cambiar fordismo por socialismo y no pudimos. Pero no solo como grupos, sino que todo el proletariado fue derrotado. Y ahora lo está pagando. 

fuente:  http://www.diagonalperiodico.net

El fin del servicio militar obligatorio y la transformación de la guerra



Hans Lammerant, en El Fusil Roto
’Remote control precision warfare’. Source: Somin Belcher, Alamy, via Brokeronline.euEn Europa, el servicio militar obligatorio ha desaparecido prácticamente y ha dado paso a ejércitos profesionales con armas de alta tecnología. Esto se debió a una transformación de las estrategias militares y un cambio de los objetivos políticos de la política de defensa tras el final de la Guerra Fría.
El servicio militar obligatorio era apropiado dentro de las estrategias militares de la Guerra Fría. Los ejércitos de masas (compuestos en su mayoría de reclutas) estaban destinados a defender el territorio de un estado. Aunque la escalada armamentista entre los dos bloques también incluía armas de alta tecnología, la estrategia de masas incluía un amplio espectro de tareas militares que no requerían un gran conocimiento técnico. Los soldados no precisaban un entrenamiento largo antes de estar listos para desplegarse. Su papel era la potencial carne de cañón en las guerras de desgaste comparables a las guerras mundiales.
Dichas estrategias sólo funcionan en guerras en las cuales el objetivo político es visto lo suficientemente importante como para permitir que actividades, que causan muchas bajas, puedan ser presentadas como en interés de la población general.
El servicio militar obligatorio tiene sus orígenes en el matrimonio entre el nacionalismo y el estado. La Revolución Francesa transformó el estado, que llegó a asumir – al menos en el sentido ideológico – los ideales políticos y las identidades nacionales. La gente común se convirtió en ciudadanos, y a los ciudadanos se les podía pedir que muriesen por su país. Napoleón creó grandes ejércitos de reclutas y transformó la guerra en una batalla entre naciones en lugar de entre reyes. Esta transformación desembocó en el horror de las dos guerras mundiales. Continuando con la estrategia de la Guerra Fría en Europa, cuando grandes ejércitos de reclutas combatían unos contra otros, y se agravó por el chantaje nuclear de destrucción mutua.
Junto a esta batalla entre naciones, algunos otros países europeos también tuvieron otro negocio militar: el colonialismo. Por lo general, la guerra colonial no se libraba con reclutas sino con soldados profesionales. Los países podían convencer a su propia población para luchar como reclutas en la defensa de su propio país, pero convencerles para morir en la otra punta del mundo por un interés empresarial resulta menos fácil. Las intervenciones militares contemporáneas son, por lo general, llevadas a cabo por profesionales o voluntarios incluso en los casos en los que el servicio militar es obligatorio.
La descolonización tras la Segunda Guerra Mundial dio otra lección a las potencias coloniales. Cuando la gente desarrolla una idea común para deshacerse del invasor extranjero, y cuando están dispuestos a morir por ello en una resistencia tanto violenta como no violenta, es difícil mantener la ocupación. El invasor tiene demasiadas pocas botas sobre el terreno para continuar reprimiendo a la población. La mayoría de los regímenes coloniales contaban con ejércitos coloniales procedentes de la población local junto a un cuerpo de oficiales extranjeros. El desarrollo de identidades nacionales que pudiesen superar las divisiones locales, y sentimientos anti-colonialistas hicieron este método de control insostenible. Esta es una lección que occidente ha estado aprendiendo de nuevo en Irak y Afganistán.
El final de la Guerra Fría también supuso que los ejércitos de reclutamiento en masa habían perdido el enemigo para el cual se habían creado. La burocracia militar buscó nuevas razones para su existencia: es decir, nuevos enemigos. La guerra de Irak de 1991 proporcionó un prototipo para nuevas misiones militares: intervenciones humanitarias y para el mantenimiento de la paz.
Estas misiones eran de un carácter diferente, y los ejércitos de reclutamiento existentes eran menos apropiados para ellas. La mayor distancia entre el país de origen y el campo de operaciones requiere un mayor uso de tecnología con menos gente, ya que un ejército de reclutamiento en masa no es muy móvil. La rápida victoria en 1991 de la guerra de Irak alimentó el orgullo desmedido de que el giro tecnológico en la guerra había hecho posible la victoria sin bolsas para cadáveres políticamente costosas. La guerra de Kosovo de 1999 fortaleció esta idea.
Para esta nueva labor militar se necesitaban ejércitos reducidos y móviles con soldados bien entrenados. Los grandes ejércitos de reclutas pasaron a ser una reliquia del pasado. Los ejércitos profesionales eran más apropiados para esta labor. En la nueva situación política tras la Guerra Fría, el servicio militar obligatorio fue desapareciendo poco a poco en Europa. Cuando cayó el muro de Berlín en 1989, el servicio obligatorio era aún la norma en Europa con algunas excepciones como el Reino Unido. Algunos países abolieron el servicio militar obligatorio bastante pronto, como Bélgica en 1994, mientras que la mayoría lo hicieron tras el año 2000. Hoy en día sólo unos pocos países continúan teniendo servicio militar obligatorio como Finlandia y Grecia. Circunstancias específicas explican la continuidad de estas antiguas posturas defensivas en estos países: principalmente grandes países vecinos que son considerados amenazas militares (Rusia y Turquía respectivamente).
La retórica sobre la responsabilidad de proteger los derechos humanos pretende ser nueva, pero la estrategia militar que está detrás de las ocupaciones para el mantenimiento de paz es en realidad el reciclaje de prácticas bélicas coloniales. Las ocupaciones necesitan botas sobre el terreno y eso es caro, mientras que continúa siendo difícil convencer al frente interno de la necesidad de dichos esfuerzos. La superioridad militar a través de tecnologías avanzadas demostró ser suficiente para vencer a los ejércitos anticuados de los países más pequeños. Pero el poder de destruir no proporciona el poder de gobernar, como quedó bien claro en las guerras de Irak y Afganistán. El cañón de un arma no es suficiente para proporcionar legitimidad y las potencias occidentales tuvieron que volver a aprender las lecciones de la Guerra de Vietnam y de otras guerras de descolonización.
Poco a poco las estrategias de guerra están cambiando de nuevo. Las intervenciones militares a gran escala, con ocupación militar y ambiciones de construcción de naciones, serán escasas. Las ambiciones se reducirán a retener a los terroristas con guerras de control remoto – vehículos aéreos no tripulados – mantener las cadenas de provisiones abiertas dando caza a los piratas y, cuando surja la oportunidad, a través de guerras de poder o echando una mano tecnológica a socios elegidos en guerras civiles. Es difícil defender estas estrategias con el discurso de los derechos humanos, así que se mantienen más encubiertas o son legitimadas con otros problemas (excepto en el último caso, donde “las entregas de armas humanitarias” pronto será el nuevo contradictio in terminis [contradicción de términos].
El servicio militar obligatorio no tiene ningún papel que desempeñar en estas nuevas estrategias militares y no regresará. Perdió su función dentro de estas estrategias, mientras que los objetivos de estas guerras no pueden legitimar muchas bajas ante la opinión pública nacional.
Para el movimiento antimilitarista, el servicio militar obligatorio era un objetivo lógico a través del cual podía incordiar la política bélica. Su desaparición no quiere decir que el movimiento antimilitarista también se haya quedado sin ocupación.
Las intervenciones militares continúan partiendo de bases europeas. El giro tecnológico dio a la industria de defensa un impulso y dicha industria es el mayor beneficiario de la política industrial de la UE. Además, el comercio de armas europeo está prosperando como nunca antes lo había hecho. Puede que el servicio militar obligatorio desaparezca de Europa, pero el militarismo está lejos de desaparecer. La transformación de las estrategias militares quiere decir que el movimiento antimilitarista también tiene que adaptar su sistema de actuación.

El antiguo municipio en la península ibérica como espacio de libertad frente al estado. Miguel Amorós.



NtdIZ: Aquí os dejamos un interesante articulo escrito por el compañero Miguel Amorós,

El municipio ha sido en la península ibérica la formación social más parecida a la polis griega y también la más contraria al Estado. Su desarrollo entre los siglos XI y XIV tras un largo periodo desurbanizador representó la forma más lograda de sociedad fraternal e igualitaria, al menos en sus primeros momentos, cuando no se producían excedentes o éstos se dilapidaban de modo improductivo en fiestas, edificios públicos o batallas. Las relaciones con un poder territorial al principio sin capacidad coercitiva suficiente se basaban en la reciprocidad y no en la opresión.
Las diferencias estamentales no eran importantes y las decisiones se tomaban en asamblea abierta; el vecindario se regía por normas dictadas por la costumbre y combatía la escasez con el aprovechamiento de tierras comunales.
En tal sociedad sin Estado –o al menos fuera de su alcance—tuvo lugar la síntesis de lo rural y lo urbano que dio forma a una cultura rica e intensa, el primer rostro de nuestra propia civilización, hoy irreconocible. En su seno no se concebía la individualidad como aislamiento y ausencia de obligaciones; el individuo era determinado por la comunidad y no al contrario. Así las cualidades de la conciencia histórica (memoria, tenacidad, lealtad, autodisciplina, compromiso social) se sobreponían a las aptitudes exigidas por una existencia entregada a la satisfacción inmediata de impulsos (narcisismo, hedonismo, ludismo, inconsecuencia), tan típica de nuestros días.
El municipio fue durante mucho tiempo la célula básica y autónoma de la sociedad, el centro ordenador del territorio, la forma de su libertad política y jurídica ganada a pulso en lucha contra la Iglesia, la aristocracia o la realeza, el medio de una identidad mediante la cual sus habitantes pudieron intervenir como sujeto histórico en otros tiempos, que el desarrollo de patriciados, la propia decadencia, el Estado absolutista y la burguesía decimonónica se encargaron de cerrar. Y precisamente hoy, cuando una identidad combativa debe constituirse en la resistencia antidesarrollista y la defensa del territorio, único espacio donde pueden confluir el interés subjetivo y el objetivo, su ejemplaridad puede servirnos de fuente de inspiración, aunque no de coartada para compromisos institucionales de tipo localista. Se trata de reconstruir elementos comunitarios en una perspectiva revolucionaria, no de legitimar el sistema político de la dominación con candidaturas electorales. Importa echar abajo el edificio de la esclavitud política y salarial, no apuntalarlo, por lo que el municipalismo revolucionario no ha de entenderse sino como un retorno antipolítico a lo local en el marco de la defensa radical y universal del territorio.
Miguel Amorós
El segundo asalto. Forma y contenido de la revolución social (2011)

fuente:  http://grupotortuga.com